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El mejor momento para estudiar en el extranjero es justo ahora: cómo convertir tu gap year en un trampolín

El mejor momento para estudiar en el extranjero es justo ahora: cómo convertir tu gap year en un trampolín

Existe una versión del año sabático que todo el mundo conoce. La del viaje largo, los trabajos esporádicos y las fotos desde algún lugar remoto. Y hay otra versión, menos vistosa en redes pero bastante más útil a largo plazo, y que es capaz de convertir unos pocos meses de tu vida en una oportunidad de futuro en todos los aspectos posibles.

 

Lo más habitual es cogerse un año antes de entrar a la universidad, o entre ciclos formativos. Y, normalmente, el motivo suele ser una necesidad de parar, de necesitar vivir algo nuevo, aunque sin perder el foco de que no pueden permitirse “perder el tiempo”. Porque estamos en una sociedad tan enfocada en producir y la urgencia de ser la persona que debes ser, que parece que escoger dedicar tiempo para descubrir y abrir nuevas puertas es demasiado arriesgado. Pero resulta que es todo lo contrario, es un atajo para alcanzar antes la madurez personal necesaria para escoger de la mejor forma posible los pasos más importantes para el futuro.  

 

El concepto de "año sabático"

 

Descansar está bien. El problema es cuando el descanso se convierte en el plan completo. Doce meses pasan rápido, y llegar al final del año sin nada concreto que mostrar —ni académica ni profesionalmente— puede generar exactamente el tipo de estrés que se quería evitar al principio.

 

Porque un año es mucho tiempo, y bien usado puede transformar radicalmente las opciones que tienes cuando termina. Así que…¿Qué hace que un año sabático valga la pena?

 

La respuesta corta es: que pase algo en ese tiempo que no podría haber pasado de otra manera. Un idioma que se consolida fuertemente, un entorno nuevo que te obliga a desarrollar habilidades que en casa no necesitas, una claridad sobre lo que quieres estudiar o a dónde quieres ir, que solo aparece cuando tienes espacio para pensarlo.

 

Eso no requiere tenerlo todo planificado al milímetro, pero sí que ese año tenga algún tipo de dirección. Y entre las muchas direcciones posibles, ahí está la de salir de casa.

 

El momento de salir de casa

 

Una de las opciones que más sentido tiene durante un año sabático, aunque no siempre aparece en la conversación, es usar ese tiempo para estudiar fuera. No en el sentido de matricularse en una carrera de cuatro años, sino de pasar una temporada larga en otro país con un objetivo concreto como es mejorar el idioma, preparar el acceso a una universidad extranjera, o las dos cosas a la vez.

 

Lo que hace interesante esta opción es que resuelve varios problemas al mismo tiempo. El idioma mejora porque lo usas todo el día, más allá de las clases. Ganas autonomía y confianza en un entorno nuevo. Y si el objetivo es estudiar en el extranjero más adelante, ese año puede ser exactamente el puente que necesitas para llegar con garantías.

 

Pero, ¿cómo hacerlo? Es fácil bloquearse en este punto, ya que existen muchas opciones en el mercado. En este sentido, los programas de EF están diseñados específicamente para adaptarse a cualquier circunstancia, entre ellas para alguien que ya ha terminado el bachillerato, que tiene claro que quiere ir a la universidad fuera, pero que necesita un año para prepararse bien. Esto es, el programa UPA (University Preparation Abroad): un programa estructurado en trimestres que combinan el trabajo del idioma con habilidades académicas muy concretas, como escribir un ensayo universitario, tomar notas en una conferencia en otro idioma, hacer una presentación oral o leer y analizar textos académicos, entre otros. También incluyen preparación para los exámenes oficiales que piden las universidades del destino elegido, como el IELTS en el Reino Unido o el TOEFL en Estados Unidos.

 

Una parte importante es el acompañamiento durante el proceso de solicitud a universidades. Hay talleres dedicados exclusivamente a las aplicaciones: cómo redactar la carta de motivación, qué documentos hacen falta, cómo presentar el expediente, qué plazos hay que respetar. Para ello, EF cuenta con especialistas que guían ese proceso de principio a fin, con el objetivo de que al terminar el programa haya una plaza confirmada en una universidad del destino elegido.

 

Este formato funciona bien para perfiles muy distintos. Para quien tiene claro que quiere estudiar fuera pero no ha llegado todavía al nivel de idioma que piden las universidades, el programa sirve para cerrar esa brecha. Para quien no tiene todavía claro en qué país quiere estudiar ni qué carrera quiere hacer, el año da tiempo para explorar opciones con calma y tomar esa decisión con más información. Y para quien ya tiene una universidad en mente pero no sabe cómo acceder a ella desde otro sistema educativo, el acompañamiento en el proceso de solicitud es la parte más valiosa de todo.

 

También encajan bien perfiles que quieren combinar el año con algo más que el estudio puro. Algunos programas incluyen la posibilidad de hacer prácticas o voluntariado en el entorno local, lo que añade un componente profesional al año y permite entender de primera mano cómo funciona un entorno de trabajo en otro país. Eso, a la hora de buscar empleo más adelante, tiene un valor que va bastante más allá del certificado.

 

Y si lo que buscas es una experiencia más amplia sin un destino universitario concreto todavía en mente, el Academic Year Abroad (AYA) ofrece un curso académico completo en el extranjero. A diferencia de una estancia corta, un año entero da tiempo para que el idioma llegue a formar parte de tu vida de una forma natural y aporte, de este modo, claridad sobre tu próximo paso. Esto permite el espacio para reflexionar y poner en la balanza tus opciones para el año siguiente, el enfoque laboral o incluso llegar a tomar decisiones personales más profundas.

 

Y hay otra vía que cada vez tiene más sentido dentro de este planteamiento, sobre todo para quienes no quieren que ese año se quede únicamente en el idioma o en la preparación académica. Porque no todo el mundo que se plantea un gap year tiene claro que su siguiente paso inmediato vaya a ser la universidad, sino que hay perfiles que ya intuyen por dónde quieren ir, que sienten interés por un sector concreto o que, simplemente, necesitan probar antes de decidir. En ese punto, añadir una capa profesional a la experiencia marca una diferencia importante.

 

Ahí encaja el programa Advanced Diploma de EF, pensado para quienes quieren aprovechar esos meses fuera para empezar a construir algo más tangible de cara al futuro. Durante seis o nueve meses, el idioma sigue siendo una base, pero cambia el enfoque, ya que lo utilizas para trabajar en áreas específicas como negocios, comunicación, turismo, moda o relaciones internacionales. En muchos destinos, además, el programa incluye prácticas o voluntariado en empresas o entidades locales. Lo que al terminar tienes es un primer contacto con un sector, proyectos concretos que puedes mostrar en una entrevista y la experiencia de haber trabajado en otro idioma en un entorno que no es el tuyo.

 

El mejor año sabático es, sin duda, el que más se llena de experiencias. Es el que, cuando termina, te deja en un lugar al que de otra forma habrías tardado mucho más en llegar. Está claro que no puedes permitirte perdértelo.

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