El inglés, la economía y el comercio

Impulsado por las herramientas digitales, el siglo XXI es testigo de un intercambio de información e ideas sin precedentes ni fronteras. Con la mejora del nivel de inglés a escala mundial y la reducción del coste de los viajes y las comunicaciones, este intercambio no puede más que acelerarse.

En la actualidad, los científicos e ingenieros no pueden permanecer al margen de la innovación mundial por culpa de las barreras lingüísticas. Además, los investigadores no son los únicos que necesitan acceder a las nuevas ideas. Los profesionales de todos los campos están obligados a conocer las buenas prácticas internacionales. En las empresas, asimismo, una cultura que valore el conocimiento del inglés hace posible la captación de talentos y competencias que hace apenas unos años habrían estado fuera de su alcance.

Como reflejo de estas tendencias, también se ha constatado que el dominio de este idioma está relacionado con el Índice Global de Competitividad del Talento (Gráfico A), un informe que evalúa la capacidad de un país para atraer, desarrollar y conservar a los trabajadores mejor preparados.

Encuentro de cerebros

Las herramientas que permiten la colaboración no hacen sino mejorar. Las herramientas de trabajo digitales y las redes sociales están en auge y propician una comunicación más distendida y más frecuente entre los empleados de distintos lugares. En el mundo real, los congresos y cumbres internacionales son ya la norma en multitud de campos en que colegas y competidores establecen redes de comunicación, descubren las investigaciones de unos y otros y desarrollan nuevas ideas. En 2017, la Unión de Asociaciones Internacionales catalogó 10.786 encuentros y convenciones en 166 países de todo el mundo. Asimismo, se celebraron más de 3.700 conferencias TED tan solo en 2018.

Aunque este ecosistema colaborativo pueda ser apasionante, ninguna plataforma de colaboración, por buena que sea, funciona sin que todos los empleados compartan un mismo idioma. Dichos encuentros y congresos tienen lugar casi siempre en inglés. Profesores, directivos... todos aquellos que hablan inglés tienen más contacto con sus iguales y acceden más fácilmente a las mentes privilegiadas y las mejores ideas de sus respectivos campos.

Ver y ser visto

La actual investigación científica de vanguardia se desarrolla a través de proyectos colaborativos complejos. El trabajo individualizado de cada laboratorio está llegando a su fin y, con frecuencia, uno de los requisitos de financiación es sacar el máximo provecho de los recursos de los equipos de distintos laboratorios. En 2017, el 60 % de los artículos del Nature Index procedió de colaboraciones internacionales, el porcentaje más elevado de la historia. No es sorprendente, pues, que se detecte una fuerte correlación entre, por un lado, el dominio del inglés de un país y, por otro, el número de artículos en revistas científicas y técnicas per cápita (Gráfico B) y su inversión en I+D, tanto en términos de capital como de recursos humanos.

En cuanto al número de trabajos publicados, la producción científica de China está aventajando progresivamente a la de Estados Unidos. Sin embargo, en el pasado, el impacto de la investigación de ese país se veía entorpecido por la falta de colaboración internacional. Los trabajos en inglés tienen muchas más posibilidades de ser citados que aquellos publicados en otros idiomas. En noviembre de 2018, la revista The Economist divulgó que las gratificaciones económicas de los científicos chinos que habían publicado un trabajo en Nature alcanzaban los 165.000 dólares estadounidenses.

El origen de las nuevas ideas

La diversidad repercute en la innovación, un fenómeno que los investigadores están comenzando a comprender plenamente. Un creciente número de investigaciones académicas muestra que los grupos que disfrutan de una composición diversa toman mejores decisiones, confían más en hechos que en opiniones y demuestran tener menos prejuicios cognitivos que los grupos homogéneos. La diversidad cultural, en concreto, está relacionada directamente con la innovación. Un estudio dirigido por McKinsey & Company en 2017 llegó a la conclusión de que las empresas con equipos ejecutivos cuya diversidad cultural estaba situada en el cuartil superior tenían un 33 % más de probabilidades de liderar los índices de rentabilidad de su sector. Asimismo, un buen dominio del inglés propicia la diversidad: de las 100 empresas líderes del IX Índice Global de la Diversidad y la Inclusión de Thompson Reuters de 2018, únicamente siete tenían su sede en países cuyo conocimiento del inglés era bajo.

Gráfico A: El inglés y el talento

Índice Global de Competitividad del Talento Clasificación EF EPI Fuente: Lanvin y Monteiro, 2019

Gráfico B: El inglés y las becas

Artículos en revistas científicas y técnicas per cápita (por millón de habitantes) Clasificación EF EPI Fuente: Banco Mundial, 2016

Ideas brillantes

El dominio del inglés está positivamente relacionado con varios indicadores clave de la innovación, como la inversión pública en I+D y el número de investigadores y técnicos per cápita.

Clasificación EF EPI Fuente: Banco Mundial, 2016