Hará unos diez años, nos contactó un representante de EF. Mi marido, Jim, estaba un poco receloso al principio, cuando nos propusieron alojar a un estudiante japonés. Se preguntaba si podríamos responsabilizarnos de un tercer niño en nuestro hogar, si los niños se llevarían bien entre ellos, si habría un choque de culturas... Pero, en fin, somos una familia a la que le encantan los retos y no tardamos mucho en decidir que queríamos probar. Nunca lo hemos lamentado. Pasamos un gran año con nuestro primer estudiante, Yoshiko, y desde entonces alojamos estudiantes todos los años.
Recuerdos imborrables
Nuestra familia, sobre todo nuestros hijos Jacob y Megan, ha vivido cosas que no podríamos haber conocido de otra forma. Nunca olvidaré cuando Yoshiko nos representó la Ceremonia del Té vestida con su atuendo tradicional japonés. Nos trajo el mundo a casa. Pero lo divertido de la estancia de Yoshiko fue ver nuestras costumbres con sus ojos. Como cuando se hizo la permanente por primera vez, o el primer día del colegio, cuando ásistió a los partidos de fútbol americano, o se entusiasmó con los bailes de su promoción; esa fue su forma de "descubrir América".
Un vínculo para toda la vida
Sí, todavía estamos en contacto con Yoshiko, nuestra hija japonesa; y con la mayoría de nuestros estudiantes, de sitios tan diversos como Noruega o Ecuador. Fuimos a ver a muchos a sus propios países, otros han vuelto a EE.UU. para vernos tras su año escolar. La relación con cada uno de los estudiantes es importante para nosotros.
Cientos de recuerdos
En nuestro recibidor, tenemos un mapa del mundo rodeado de fotos de nuestros hijos e hijas internacionales, viajando o haciendo cosas con la familia. Así, una foto no sólo vale más que mil palabras, ¡también te trae mil recuerdos agradables!